En cambio, sabemos perfectamente qué queremos evitar para que nuestros hijos, nuestras casas y nuestros barrios no padezcan durante décadas lo que hemos visto o sufrido en otros lugares, y tenemos todo el derecho a exigir a nuestros gobernantes que nos escuchen y tengan en cuenta nuestras peticiones.
No estamos pidiendo, pues, voluntad política ni de esfuerzo económico, sino sentido común.

Las mujeres cruzan con sus cochecitos para acompañar a otros hijos mayores, los ancianos pasan al otro lado para pasear y tomar el sol, los adolescentes cruzan para ir al instituto, las amas de casa para coger el autobús o hacer la compra. En ocasiones los maquinistas se ven obligados a hacer sonar los silbatos para advertir de su cercanía a los peatones.
Cuando se hizo el tendido férreo hace ya casi dos siglos, al otro lado de la vía había sólo cultivos, trigales y algunas rudimentarias instalaciones donde se extraía la arcilla para cocer tejas (de donde le viene el nombre al barrio). Hoy al otro lado de la vía hay una amplia zona residencial, con instalaciones educativas de primer orden, y a través de sus vías principales se accede al polígono industrial y empresarial más grande de la Región, pero el acceso para cruzar la vía a pie no ha variado en todo este tiempo.
Creemos firmemente en la necesidad del soterramiento, y cuando no sea técnicamente posible éste una depresión de las vías que permita disponer sobre ellas conexiones peatonales y espacios de ocio, eliminaría las barreras y proporcionaría a los viandantes una zona segura y funcional. Se conseguiría adaptar el espacio urbano a su uso por las personas.
Esta opción nos parece tan necesaria o más que en el tramo que transcurre entre Murcia y Nonduermas, con una densidad de población y una cercanía del nucleo urbano a la línea ferrea infinitamente menor, en donde en cambio su Ayuntamiento ha exigido y conseguido del Ministerio de Fomento la aprobación de dicho soterramiento.
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